Ingredientes (8 porciones, molde de 20 cm)

Base

  • 150 g de galletas tipo digestive
  • 60 g de mantequilla derretida

Relleno

  • 500 g de queso crema a temperatura ambiente
  • 110 g de azúcar
  • 10 g de matcha
  • 15 g de maicena
  • 3 huevos M
  • 150 ml de nata para montar (35 % de grasa)

Preparación

  1. Tritura las galletas, mézclalas con la mantequilla y aprieta la mezcla en el fondo de un molde desmontable de 20 cm forrado con papel. Diez minutos de nevera.
  2. Tamiza juntos el matcha, el azúcar y la maicena. El azúcar deshace los grumos del matcha mejor que cualquier otra cosa.
  3. Bate el queso crema a velocidad baja solo hasta que esté liso, añade la mezcla seca y después los huevos de uno en uno. Termina con la nata. Batir de más mete aire, y el aire es lo que agrieta la tarta.
  4. Hornea a 150 °C, calor arriba y abajo, unos 55 minutos, con una bandeja de agua caliente en la rejilla de abajo. Está hecha cuando el borde está firme y el centro tiembla un poco.
  5. Apaga el horno y déjala dentro una hora con la puerta entreabierta. Después, cuatro horas de nevera como mínimo antes de desmoldar.

El punto del matcha

El calor apaga el verde: por encima de 170 °C el matcha vira a pardo y amarga. Por eso el horno va bajo y largo. 10 g dan un sabor claro sin dominar; con 15 g el amargor ya se nota. Cuanto mejor es el matcha, más verde queda la tarta.

Lo que ayuda

Dos cosas de la tienda marcan la diferencia en esta tarta: una báscula que lea el gramo, porque 10 g de matcha a ojo pueden ser 7 o 13, y un tamiz fino, para que no aparezcan puntos verdes en la crema.

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Matcha de referencia de esta receta: ceremonial ecológico de Jingshan, de Matcha Zen.