El origen chino: dinastía Tang (618-907)

El consumo de té en polvo no fue inventado en Japón. Los monjes budistas chinos de la dinastía Tang ya preparaban pastillas de té prensado que rallaban y disolvían en agua caliente como ayuda para la meditación. El poeta Lu Yu (陆羽, 733-804) documentó esta práctica en su Chajing (El Clásico del Té, 780), considerado el primer tratado sistemático sobre el té en la historia.

Durante la dinastía Song (960-1279) la práctica evolucionó: en lugar de prensa y rallado, los monjes comenzaron a moler las hojas directamente en piedra y a batir el polvo con agua caliente en cuencos de cerámica oscura. El temple Jingshan (径山寺) en Zhejiang, fundado en el siglo VIII, fue el centro de esta práctica refinada. Los monjes de Jingshan organizaban grandes ceremonias de té (茶宴, chaen) con decenas de participantes.

La llegada a Japón: Eisai (1191)

El monje budista Myōan Eisai (明菴栄西, 1141-1215) hizo dos viajes a China para estudiar el budismo Chan. En su segundo viaje, entre 1187 y 1191, estuvo en el temple Jingshan, donde aprendió la práctica del té en polvo batido en cuenco. Al regresar a Japón en 1191, trajo semillas de té y el conocimiento del método de preparación.

Eisai plantó sus primeras semillas en el monte Sefurisan en Kyushu, y más tarde envió plantas al monje Myōe (1173-1232) en Togano-o, cerca de Kyoto. Togano-o se convirtió en la primera región productora de té de alta calidad en Japón, y su matcha fue declarado "honcha" (té auténtico) en contraposición a todos los demás. Uji, que entonces era simplemente un territorio productor más, tardaría décadas en superar la reputación de Togano-o.

Del Shogunato a la ceremonia codificada (1300-1591)

En el siglo XIII los samuráis comenzaron a consumir matcha y los primeros elementos del ritual del té tomaron forma. En el siglo XIV el shogunato Ashikaga convirtió el té en un símbolo de estatus y poder. Los concursos para adivinar el origen del té (tocha) eran entretenimiento habitual de la aristocracia.

Murata Jukō (1423-1502) fue el primero en articular el concepto de wabi en la ceremonia del té, introduciendo la cerámica japonesa simple junto a las piezas chinas veneradas. Takeno Jōō (1502-1555) continuó esta tendencia. Y finalmente Sen no Rikyu (1522-1591) codificó la ceremonia definitivamente, elevó el wabi-sabi a principio rector y estableció los protocolos que tres escuelas (sansenke) mantienen hasta hoy.

Uji toma el liderazgo (s. XIV-XVII)

La región de Uji fue ganando preeminencia durante el período Muromachi. El shogun Ashikaga Yoshimitsu declaró los jardines de Uji como proveedores oficiales de la corte en el siglo XV. El microclima del valle del río Uji, con sus nieblas y suelos aluviales, resultó ser ideal para el tencha. Durante el período Edo (1603-1868), el shogunato Tokugawa consolidó el sistema de producción de Uji con rutas comerciales protegidas.

Los programas de mejora vegetal del siglo XX modernizaron la producción sin destruir la tradición. Los cultivares Gokou, Asahi y Samidori, desarrollados entre los años 1930 y 1990, definen el Uji matcha contemporáneo.

La expansión global (2010-2025)

El matcha llegó a los mercados occidentales de manera masiva en la segunda mitad de los años 2000, impulsado por el crecimiento del sector de la alimentación natural, el auge de las redes sociales y el interés en la cultura japonesa. Google Trends muestra un crecimiento sostenido de las búsquedas de "matcha" en inglés desde 2012, con aceleraciones en 2015 (boom de Instagram), 2020 (pandemia + bienestar) y 2023-2025 (TikTok + bebidas de especialidad).

España llegó a este proceso con retraso de 3-5 años respecto a Reino Unido y EEUU, pero el crecimiento desde 2020 ha sido rápido. El mercado español del matcha ceremonial, todavía pequeño en volumen absoluto, crece a tasas superiores al 30% anual desde 2022.