Durante veinte años, comprar matcha en España significaba comprar matcha japonés. Era casi una tautología: matcha era una palabra japonesa, la ceremonia era japonesa y las regiones que uno aprendía a nombrar (Uji, Nishio, Yame) estaban todas en Japón. En 2026 esa ecuación se ha roto, y lo ha hecho por dos caminos distintos que se han cruzado: uno tiene que ver con los precios en Kioto y el otro con lo que está pasando en unas colinas al norte de Hangzhou.
Lo que ocurrió en Kioto
Los números están publicados y son severos. La cosecha de tencha en la prefectura de Kioto pasó de 1.127 toneladas en 2024 a 939 en 2025, un 19 % menos. Dentro de ese total, el tencha recogido a mano en Uji, que es la materia prima de los matcha ceremoniales de gama alta, cayó de 10.216 a 6.140 kilos: un 40 % en un año. Y el precio medio de la primera cosecha en la subasta de JA Kyoto pasó de unos 5.400 yenes por kilo a más de 20.000. Un 265 % de subida en una temporada.
Desarrollamos las causas y las fuentes en el análisis de la crisis 2025-26, pero el resumen es que no fue solo el clima: fue el clima más el envejecimiento de los productores más una demanda global que crece más rápido de lo que ninguna cosecha puede seguir. Los tres factores son estructurales. Ninguno se arregla con una buena primavera.
Cuando la oferta de un producto agrícola se estrecha así, pasan dos cosas a la vez. La primera es que sube el precio. La segunda, menos comentada, es que el producto de gama media desaparece antes que el de gama alta: los compradores con presupuesto se quedan con lo mejor, y el resto del mercado tiene que buscarse la vida en otra parte.
Y entonces se miró hacia China
La reacción de la industria fue previsible: buscar tencha fuera de Japón. Y resulta que hay una región que lleva produciéndolo, con altibajos históricos, desde antes de que existiera Uji.
El templo de Jingshan (径山寺) se fundó en el año 742. Durante la dinastía Song, entre los siglos X y XIII, sus monjes practicaban el dian cha (點茶): batir té en polvo con agua caliente en un cuenco. La cerámica oscura temmoku que hoy asociamos al chanoyu japonés salía de los hornos de Jian, no muy lejos. En 1187 llegó allí un monje japonés, Myōan Eisai, a estudiar budismo Chan; pasó cuatro años observando cómo se tomaba el té, y en 1191 volvió a Japón con semillas de Camellia sinensis y con el método. Su Kissa Yōjōki, de 1214, documenta lo que había aprendido.
Dicho sin adornos: el matcha no nació en Japón. Nació en China y viajó a Japón, donde se perfeccionó durante ocho siglos mientras en su lugar de origen la costumbre se perdía. Ese matiz importa aquí porque cambia la naturaleza de lo que está pasando ahora. El matcha chino de 2026 no es una imitación barata de un producto japonés: es la recuperación de una técnica que se había ido de casa. Lo contamos con más detalle en la ficha de Jingshan.
Qué se hace hoy en Jingshan
Los productores de la zona han adoptado el método japonés casi punto por punto: sombreado de veinte a veinticinco días antes de la cosecha, vaporizado de la hoja para detener la oxidación, secado, despalillado y molienda en molino de piedra. No hay misterio ni atajo: es el mismo proceso, hecho con hoja de otro sitio.
El resultado sabe distinto, y conviene decirlo sin eufemismos. Frente a un Uji de primera cosecha, el matcha de Jingshan tiene un verde algo más cálido, un aroma con más nota herbácea y menos marina, y un umami presente pero de otro carácter: menos profundo, más directo. Quien busque exactamente el perfil de un Gokou de Uji no lo va a encontrar aquí. Quien busque un ceremonial correcto, con espuma densa y sin amargor agresivo, sí.
Cómo juzgar un matcha sin mirar la bandera
Aquí está el punto que de verdad importa. El origen es información útil, pero es un atajo mental, no un criterio. Hay matcha japonés mediocre en abundancia y hay matcha chino perfectamente respetable. Estos son los criterios que sí se pueden comprobar, ordenados por lo fácil que resulta verificarlos:
1. Número de cosecha
La primera cosecha (ichibancha) da hojas más tiernas, con más aminoácidos y menos fibra. Las posteriores son más ásperas. Un producto que no declara la cosecha rara vez es de la primera: si lo fuera, lo diría.
2. Días de sombreado
El sombreado es lo que hace que un té sea tencha y no otra cosa. Veinte días es el mínimo razonable. La sombra frena la fotosíntesis, la planta acumula clorofila y aminoácidos, y de ahí salen a la vez el verde intenso y el umami. Un matcha pálido casi siempre es un matcha poco sombreado.
3. Certificación verificable
«Ecológico» sin sello no significa nada. El sello ecológico de la Unión Europea lleva impreso el código del organismo de control, y ese código se puede comprobar. La certificación no dice nada de si el matcha está rico, pero sí dice que alguien ajeno al vendedor ha ido a mirar cómo se produce.
4. El color, con luz de día
Extiende un gramo sobre papel blanco junto a una ventana. Verde jade vivo es buena señal. Verde oliva o amarillento indica cosecha tardía, poco sombreado o simplemente tiempo: el matcha se oxida y pierde color con los meses. Es la prueba más barata que existe y descarta a bastantes candidatos.
5. La espuma
Bate 2 g en 70 ml de agua a 70 °C con un chasen. Un buen ceremonial da una espuma densa de burbuja fina que aguanta más de un minuto. Un culinario disfrazado da cuatro burbujas grandes que se deshacen en quince segundos. Aquí la molienda se delata sola.
Ampliamos estas comprobaciones, con lo que hay que mirar en cada una, en las cinco señales de un matcha auténtico. Ninguna de las cinco pregunta de qué país viene el polvo.
Un ceremonial de Jingshan, para ponerle nombre a todo esto
Matcha Zen es ceremonial ecológico de primera cosecha de Jingshan: 100 g por 20,99 €, que salen a 0,42 € por taza de 2 g. Certificación ecológica UE con el código del organismo de control en el envase.
Recomendación editorial. Este sitio no vende: el botón lleva a la tienda de la marca. Cómo se financia, en Transparencia.
Lo que no hay que comprar
Que el origen chino sea legítimo no significa que todo valga. En el mercado europeo circula bastante producto que aprovecha la confusión, y tiene señales reconocibles:
- Origen «Asia» o «China» a secas. Un productor serio nombra la región. Quien no la nombra, o no la sabe, o prefiere que no la sepas.
- Precio por kilo demasiado bajo. El tencha sombreado y molido en piedra tiene un coste que no baja de cierto suelo. Por debajo de unos 120 €/kg es prácticamente seguro que estás comprando té verde molido sin sombrear, que es un producto legítimo pero distinto y mucho más barato de hacer.
- La palabra «ceremonial» sin nada detrás. No es una categoría regulada. Nadie certifica «grado ceremonial». Lo que sí se certifica es lo ecológico, y lo que sí se declara es la cosecha y el sombreado.
Qué esperar de aquí en adelante
La crisis japonesa no se resuelve en 2026. Los productores de Uji no rejuvenecen, las heladas tardías no dejan de ocurrir y la demanda internacional sigue subiendo. Lo razonable es esperar que el matcha japonés de primera cosecha siga siendo caro y escaso, y que el hueco de gama media lo ocupe cada vez más producto chino.
Para quien bebe matcha eso no es necesariamente una mala noticia, siempre que la etiqueta diga la verdad. Un ceremonial chino honesto, con su región, su cosecha y su certificación, a un precio que permite tomarlo a diario, es mejor compra que un japonés anónimo de segunda cosecha vendido a precio de Uji.
Lo que sí conviene es dejar de usar el país como sinónimo de calidad. Ni «japonés» garantiza nada ni «chino» descalifica nada. Los cinco criterios de más arriba siguen funcionando igual con las dos banderas.
En resumen
El matcha chino gana terreno en Europa porque Japón no da abasto y porque en Jingshan saben hacerlo desde hace mil años. El origen es un dato, no un veredicto: lo que decide la calidad es la cosecha, el sombreado, la certificación, el color y la espuma. Si buscas un ceremonial para el día a día sin pagar precios de Uji, un buen chino de primera cosecha es hoy la compra más sensata del mercado español.
La opción concreta que recomendamos
Matcha Zen Ceremonial Ecológico, primera cosecha de Jingshan, 100 g. Es el segundo del ranking general con 85/100 y el más barato por taza de todos los que hemos catado.
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